Alabanza por las bendiciones de Dios
1 Bendice, alma mía, a Jehová,
Y bendiga todo mi ser su santo nombre.
2 Bendice, alma mía, a Jehová,
Y no olvides ninguno de sus beneficios.
3 Él es quien perdona todas tus iniquidades,
El que sana todas tus dolencias;
4 El que rescata del hoyo tu vida,
El que te corona de favores y misericordias;
5 El que sacia de bien tu boca
De modo que te rejuvenezcas como el águila.
6Jehová es el que hace justicia
Y derecho a todos los que padecen violencia.
7 Sus caminos notificaron a Moisés,
Y a los hijos de Israel sus obras.
8 Misericordioso y clemente es Jehová;
Lento para la ira, y grande en misericordia.
9 No contenderá para siempre,
Ni para siempre guardará el enojo.
10 No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades,
Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados.
11 Porque como la altura de los cielos sobre la tierra,
Engrandeció su misericordia sobre los que le temen.
12 Cuanto está lejos el oriente del occidente,
Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.
13 Como el padre se compadece de los hijos,
Se compadece Jehová de los que le temen.
14 Porque él conoce nuestra condición;
Se acuerda de que somos polvo.
15 El hombre, como la hierba son sus días;
Florencia como la flor del campo,
16 Que pasó el viento por ella, y pereció,
Y su lugar no la conocerá más.
17 Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen,
Y su justicia sobre los hijos de los hijos;
18 Sobre los que guardan su pacto,
Y los que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra.
19 Jehová abrió en los cielos su trono,
Y su reino domina sobre todos.
20 Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles,
Poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra,
Obedeciendo a la voz de su precepto.
21 Bendecid a Jehová, vosotros todos sus ejércitos,
Ministros suyos, que hagan su voluntad.
22 Bendecid a Jehová, vosotras todas sus obras,
En todos los lugares de su señorío.
Bendice, alma mía, a Jehová.
“No olvides ninguno de Sus beneficios” (Salmo 103:2)
El Salmo 103 es un himno de alabanza profundamente íntimo y teológicamente rico, en el cual David dirige su alma a recordar, proclamar y celebrar la misericordia inagotable de Dios. No es una alabanza superficial ni circunstancial; es una exhortación consciente a la memoria espiritual, un llamado a no olvidar quién es Dios ni todo lo que Él hace por amor a Su pueblo.
1. Una alabanza que nace del alma
“Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre” (v.1)
David no se conforma con una alabanza externa o ritual. Convoca a su alma, a lo más profundo de su ser. La adoración verdadera comienza cuando el corazón reconoce la grandeza de Dios, aun en medio de la fragilidad humana. Este versículo nos recuerda que la alabanza no depende del estado de ánimo, sino de una decisión espiritual: bendecir a Dios con todo nuestro ser.
2. La memoria espiritual como acto de fe
“Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios” (v.2)
El olvido espiritual es una de las mayores debilidades del ser humano. Recordar los beneficios de Dios es un acto de fe que fortalece el presente y da esperanza para el futuro. David enumera esos beneficios no como teoría, sino como experiencia vivida: perdón, sanidad, redención y misericordia.
3. Un Dios que restaura integralmente
“Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias” (v.3)
Dios no trata solo con los síntomas externos del pecado, sino con la raíz del corazón. El perdón divino restaura la relación con Dios, y Su sanidad alcanza tanto el cuerpo como el alma. Este versículo revela a un Dios cercano, compasivo y profundamente interesado en la restauración integral del ser humano.
4. Misericordia que vence al juicio
“El que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias” (v.4)
La imagen es poderosa: Dios no solo rescata, sino que corona. Donde merecíamos juicio, Él extiende gracia; donde hubo caída, Él otorga dignidad. La misericordia de Dios no es ocasional, es constante y abundante.
5. Un Padre compasivo y fiel
“Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen” (v.13)
Este pasaje revela el corazón paternal de Dios. Él conoce nuestra condición, recuerda que somos polvo, y aun así nos ama con ternura eterna. Su compasión no minimiza Su santidad, sino que la manifiesta en amor perfecto.
6. La eternidad del amor de Dios
“Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen” (v.17)
La vida humana es frágil y pasajera, pero el amor de Dios es eterno e inmutable. En contraste con nuestra temporalidad, Su misericordia permanece firme para aquellos que viven en reverencia y obediencia.
7. Una alabanza universal
“Bendecid a Jehová, vosotros todos sus ejércitos… Bendice, alma mía, a Jehová” (vv.20–22)
El salmo culmina ampliando el llamado a la alabanza: ángeles, ejércitos celestiales y toda la creación se unen en una adoración universal. Sin embargo, David regresa al punto inicial: su propia alma. La adoración comienza en lo personal antes de extenderse a lo colectivo.
Conclusión
El Salmo 103 nos invita a vivir con una memoria agradecida, un corazón humilde y una adoración consciente. Nos recuerda que Dios es justo, misericordioso, compasivo y fiel, y que Su amor trasciende nuestras limitaciones. Al meditar en este salmo, somos llamados a detenernos, recordar, agradecer y bendecir al Señor con todo nuestro ser.
“Bendice, alma mía, a Jehová.”
Estoy atento para asistirle si desea una infografía, una versión resumida para redes sociales, o una adaptación devocional para uso congregacional.
Saludos y bendiciones...!!!
El Salmo 103 reflejado en la persona de Jesucristo
1. Jesús revela el rostro misericordioso del Padre
“Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira y grande en misericordia” (Salmo 103:8)
Jesucristo es la revelación perfecta de este carácter de Dios.
Él mismo declara: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9).
En Jesús vemos la paciencia de Dios con los pecadores, Su compasión por los quebrantados y Su misericordia activa hacia los necesitados. Cada encuentro de Cristo con los marginados, los enfermos y los pecadores es una expresión viva del Salmo 103.
2. El perdón de las iniquidades se cumple en la cruz
“Él es quien perdona todas tus iniquidades” (Salmo 103:3)
En Cristo, este perdón deja de ser solo una promesa y se convierte en una obra consumada.
Jesús no solo anuncia el perdón, sino que lo compra con Su sangre (Mateo 26:28).
En la cruz, nuestras iniquidades fueron cargadas sobre Él (Isaías 53:5–6), cumpliendo de manera definitiva lo que el salmo declara de forma anticipada.
3. La sanidad integral manifestada en el ministerio de Jesús
“El que sana todas tus dolencias” (Salmo 103:3)
Durante Su ministerio terrenal, Jesús sanó cuerpos, restauró mentes y liberó almas.
Sin embargo, la sanidad más profunda que Él ofrece es la del corazón separado de Dios.
Cada milagro de sanidad es una señal del Reino, una demostración tangible de que el Dios del Salmo 103 ha visitado a Su pueblo (Lucas 7:16).
4. La redención del “hoyo” y la victoria sobre la muerte
“El que rescata del hoyo tu vida” (Salmo 103:4)
Jesucristo desciende hasta lo más profundo de la condición humana para rescatarnos del hoyo del pecado y de la muerte.
Su resurrección es la prueba definitiva de que el hoyo no tiene la última palabra.
En Cristo, el Salmo 103 se amplía: no solo somos rescatados del peligro temporal, sino de la condenación eterna (1 Corintios 15:54–57).
5. Coronados de gracia por medio de Cristo
“El que te corona de favores y misericordias” (Salmo 103:4)
En Jesús, los creyentes no solo reciben misericordia, sino una nueva identidad: hijos de Dios (Juan 1:12).
La corona de favores se expresa en la adopción, la justificación y la herencia eterna (Romanos 8:15–17).
Cristo es el Rey coronado que comparte Su herencia con los redimidos.
6. El amor que aleja nuestros pecados
“Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones” (Salmo 103:12)
Esta separación total del pecado se cumple plenamente en la obra expiatoria de Cristo.
En Él, no hay condenación para los que están en Cristo Jesús (Romanos 8:1).
Jesús no cubre el pecado superficialmente; lo quita de en medio para siempre.
7. Cristo, la compasión del Padre encarnada
“Como el padre se compadece de los hijos…” (Salmo 103:13)
Jesús muestra esta compasión en Su trato con los discípulos, con los niños, con los débiles en la fe.
Él es el Buen Pastor que conoce nuestra fragilidad y da Su vida por las ovejas (Juan 10:11).
8. El Reino eterno anunciado y establecido por Cristo
“Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos” (Salmo 103:19)
Jesús anuncia este Reino y lo establece por medio de Su obediencia, muerte y resurrección.
Hoy reina a la diestra del Padre, y Su señorío confirma la soberanía proclamada en el salmo (Hebreos 1:3).
Conclusión cristocéntrica
El Salmo 103 es, en esencia, un salmo que apunta a Cristo.
Lo que David celebra como atributo divino, Jesús lo encarna.
Lo que el salmo promete, Cristo lo cumple.
Y lo que el salmo invita a recordar, Cristo lo garantiza para siempre.
Por eso, cuando la Iglesia ora el Salmo 103, lo hace con mayor claridad y esperanza, sabiendo que en Jesucristo la misericordia de Dios tiene rostro, nombre y cruz.
Si lo desea, puedo prepararle esta enseñanza en formato de estudio bíblico, infografía cristológica, o una reflexión devocional para compartir.
Saludos y bendiciones...!!! 🙌🙌🙌
Bendice Alma Mía (Marco Barrientos)



No hay comentarios.:
Publicar un comentario