domingo, 28 de diciembre de 2025

📖 REFLEXIÓN SOBRE 2 Tesalonicenses 3:1–5

“La fidelidad de Dios en medio de la oración, la oposición y la perseverancia” 


Por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros, y para que seamos librados de hombres perversos y malos; porque no es de todos la fe. Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal. Y tenemos confianza respecto a vosotros en el Señor, en que hacéis y haréis lo que os hemos mandado. Y el Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios, ya la paciencia de Cristo.

El apóstol Pablo, al dirigirse a la iglesia de Tesalónica, concluye su exhortación con un llamado que entrelaza tres pilares fundamentales de la vida cristiana: la oración constante, la confianza en la fidelidad de Dios y la perseverancia en el amor y la esperanza en Cristo. 

🙏 1. La oración como motor de la misión (v.1–2)
 Pablo, lejos de presentarse como autosuficiente, pide humildemente oración. Reconoce que el avance del evangelio no depende del talento humano, sino del respaldo divino. Su petición es clara: que la Palabra del Señor corra y sea glorificada, y que Dios los libre de personas malintencionadas y sin fe. Esta exhortación nos recuerda que la obra de Dios siempre enfrentará oposición, pero también que la oración une a la iglesia en un mismo propósito. Orar por quienes sirven al Señor no es un acto pasivo; es participar activamente en la expansión del Reino. 

🛡️ 2. La fidelidad de Dios como ancla del creyente (v.3) 
 En contraste con la infidelidad humana, Pablo declara con firmeza: “Pero fiel es el Señor”. Aquí encontramos una de las afirmaciones más consoladoras de las Escrituras. Dios no solo es fiel en promesas, sino también en protección y fortalecimiento. Él guarda al creyente del mal, aun cuando las circunstancias sean adversas. Esta fidelidad divina no depende de nuestra constancia, sino de Su carácter inmutable. 

🔒 3. Confianza y obediencia en el caminar diario (v.4) 
 Pablo expresa su confianza en que los creyentes no solo conocen, sino que practican lo que han recibido. La fe auténtica se evidencia en la obediencia continua, incluso cuando no hay aplausos, reconocimiento o resultados inmediatos. Este versículo nos confronta amorosamente: la obediencia no es una carga, sino una respuesta agradecida al amor de Dios. Vivir conforme a Su voluntad es una demostración de confianza en Su guía. 

❤️ 4. Amor y paciencia que conducen a Cristo (v.5) 
 El pasaje culmina con una oración profunda: que el Señor dirija nuestros corazones al amor de Dios y a la paciencia de Cristo. El amor de Dios nos afirma, nos sana y nos sostiene. La paciencia de Cristo nos enseña a perseverar con esperanza, aun en medio del sufrimiento, la espera o la incomprensión. No se trata de resignación, sino de una esperanza activa, firme y confiada en el obrar de Dios. 

Conclusión 
2 Tesalonicenses 3:1–5 nos invita a vivir una fe madura y equilibrada: Orando sin cesar, Confiando plenamente en la fidelidad de Dios, Obedeciendo con convicción, Amando con profundidad y perseverando con paciencia. Que esta Palabra nos impulse a caminar con seguridad, sabiendo que el Dios que nos llamó es fiel y nos llevará hasta el final. Estoy atento a asesorarle de la mejor manera siendo eficaz y eficiente en la gestión de su requerimiento. 

Saludos y bendiciones...!!!

📖 REFLEXIÓN SOBRE Lucas 2:1–7 Dios se Hace Cercano

 El Dios que eligió la humildad



Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

El relato de Lucas 2:1–7 nos introduce en uno de los momentos más trascendentales de la historia humana: el nacimiento del Salvador. Sin embargo, el Espíritu Santo inspira a Lucas a narrarlo sin grandilocuencia, sin adornos humanos, sin escenarios de poder. Esto ya es, en sí mismo, un mensaje profundo:
Dios actúa de maneras que el mundo no espera.

El texto inicia con un decreto del emperador César Augusto, el hombre más poderoso de su tiempo. Paradójicamente, ese decreto —emitido desde un trono imperial— termina sirviendo al propósito eterno de Dios: llevar a José y a María a Belén para que se cumpla la profecía (Miqueas 5:2). Aquí aprendemos que la soberanía de Dios trasciende incluso las decisiones de los poderosos; Él gobierna la historia aun cuando los actores humanos no lo reconocen.

María y José llegan a Belén sin privilegios, sin influencias, sin comodidades. No hay lugar para ellos en el mesón. El Rey del universo entra en la historia humana no en un palacio, sino en un pesebre. Esto revela una verdad espiritual profunda: Dios no se revela principalmente en el lujo o la autosuficiencia, sino en la humildad, la sencillez y la dependencia absoluta.

El pesebre no es solo un detalle narrativo; es un símbolo poderoso. Cristo nace en un lugar destinado a alimentar animales, anticipando que Él mismo será el Pan de Vida que saciará el hambre espiritual de la humanidad. Desde su nacimiento, Jesús se identifica con los marginados, con los rechazados, con aquellos para quienes “no hay lugar”. Dios se acerca a la fragilidad humana desde dentro, no desde la distancia.

El hecho de que María “envolviera en pañales” a su hijo nos recuerda que el Hijo eterno de Dios aceptó plenamente la condición humana. No nació como un adulto glorificado, sino como un bebé vulnerable, dependiente del cuidado de una madre. Esto nos enseña que la grandeza de Dios se manifiesta en su disposición a hacerse pequeño por amor.

Lucas 2:1–7 nos confronta con una pregunta esencial:
👉 ¿Hay lugar para Cristo en nuestra vida?
No en los márgenes, no como una idea decorativa, sino como el centro. Muchas veces, como el mesón, nuestra agenda, nuestro orgullo o nuestras preocupaciones están “llenas”. Sin embargo, Dios sigue buscando corazones humildes donde pueda nacer y reinar.

Este pasaje nos invita a replantear nuestra noción de éxito, poder y propósito. El Salvador del mundo no vino imponiéndose, sino entregándose. No vino a dominar, sino a servir. No vino a ser exaltado por los hombres, sino a glorificar al Padre mediante la obediencia y el amor.


✨ Aplicación espiritual

  • Dios cumple sus promesas aun en medio del caos político y social.

  • La humildad es el terreno fértil donde Cristo se manifiesta.

  • Jesús se acerca primero a los sencillos antes que a los poderosos.

  • El amor verdadero no busca reconocimiento, sino entrega.


Que esta reflexión nos lleve a abrir espacio en nuestro corazón para Cristo, recordando que Dios sigue naciendo allí donde hay fe, humildad y obediencia.

Saludos y bendiciones…!!!

📖 REFLEXIÓN SOBRE Romanos 10:8–13 La Palabra de Fe que Salva

 La fe que se confiesa y la salvación que se recibe

Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confía para salvación. 11 Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.  12 Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; 13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

El apóstol Pablo, en Romanos 10:8–13, nos presenta una de las verdades más claras, profundas y liberadoras del Evangelio: la salvación no es un privilegio reservado para unos pocos, ni el resultado de esfuerzos humanos, sino un regalo accesible a todo aquel que cree y confiesa a Jesucristo como Señor.

Pablo afirma que “la palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón”. Esta declaración desmonta la idea de que Dios es distante o inaccesible. La salvación no requiere hazañas extraordinarias, rituales complejos o méritos acumulados; comienza en el corazón y se expresa con la boca. La fe verdadera no es solo una convicción interna, sino una confesión pública que transforma la vida.

Creer en el corazón que Dios levantó a Jesús de entre los muertos implica aceptar no solo un hecho histórico, sino una realidad espiritual que redefine nuestra existencia. La resurrección es la confirmación del poder de Dios sobre el pecado y la muerte, y creer en ella es confiar plenamente en que Cristo es suficiente para nuestra redención.

Pablo también establece una relación inseparable entre fe y confesión: con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación. Esto nos enseña que la fe genuina no se esconde ni se limita a lo privado; se manifiesta en palabras, decisiones y una vida alineada con el señorío de Cristo. Confesar que “Jesús es el Señor” significa reconocer su autoridad total sobre nuestra vida, pensamientos, acciones y futuro.

Uno de los mensajes más poderosos de este pasaje es su carácter inclusivo: “No hay diferencia entre judío y griego”. La salvación rompe barreras étnicas, sociales y culturales. Todos somos iguales delante de Dios y todos tenemos el mismo acceso a Su gracia. El Señor es rico en misericordia para todos los que le invocan, sin distinción.

El pasaje culmina con una promesa firme y esperanzadora: “Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo”. No hay condiciones ocultas, ni excepciones. Esta afirmación es un ancla para el alma cansada, el corazón quebrantado y la persona que busca sentido y perdón. Invocar al Señor no es un acto mecánico, sino un clamor sincero de dependencia y rendición.

Romanos 10:8–13 nos llama a una fe viva, confesada, valiente y accesible, que transforma al individuo y le recuerda a la Iglesia su misión: anunciar un Evangelio cercano, sencillo y poderoso, capaz de alcanzar a todo aquel que abre su corazón a Cristo.

Saludos y bendiciones…!!!


viernes, 21 de diciembre de 2018

Te has vuelto perezoso con Jesús...???

A medida que el mundo se hunde más en la impiedad, cada vez más personas de Dios quieren seguir su propio camino. Tales personas no quieren ser vestidas por Cristo con sus vestiduras de justicia;  sólo quieren vivir para sí mismos, sin obligaciones ni compromisos. Por sus actitudes, le están diciendo al Señor: "Déjame disfrutar de mi asociación contigo para que los demás vean que estoy bien".

Las iglesias en América y en todo el mundo están llenas de millones de personas que se llaman a sí mismos cristianos, pero que no tienen intimidad con Jesús. No pasan tiempo en oración y no toman sus Biblias para ver que es lo que el Señor desea de ellas.

De alguna manera, estas personas se han unido al nombre de Cristo completamente por su cuenta. Nuestro Señor no tendrá parte en tal arreglo. Cristo claramente advierte en Marcos: "Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo. Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad.” (Marcos 13: 35-37).

Leemos la parábola de las diez vírgenes, cinco sabias y cinco insensatas (ver Mateo 25: 1-13). "Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir".


Veamos una advertencia de Pablo: "Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos". (Romanos 13:11). Pablo también advierte: "Por lo cual dice: 
Despiértate, tú que duermes, 
Y levántate de los muertos, 
Y te alumbrará Cristo. 
Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. " (Efesios 5: 14-16).

Si sientes que te has vuelto perezoso en tu búsqueda de Jesús, decide buscarlo con todo tu corazón, mente, alma y fuerza. Comience a orar a lo largo del día y haga de Cristo el centro de tu vida.


Que así sea,,,,Amén...!!!

Tomado de
David Wilkerson (1931-2011)

lunes, 2 de abril de 2018

La buena idea de Dios: el trabajo.

A imagen de Dios
Al ser creados a imagen de Dios (Gn 1:27), fuimos diseñados teniendo en consideración el trabajo. Desde el principio, Dios planificó y creó a los seres humanos para que fueran sus socios minoritarios en la labor de llevar la creación a su realización. Dios trajo a la existencia una creación perfecta, y luego hizo a la humanidad para que continuara el proyecto de la creación.

«Los bendijo con estas palabras: “Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra”» (Gn 1:28a).

Dios podría haber creado todo lo imaginable y haber llenado la tierra por sí mismo. Pero escogió crear a la humanidad para que trabajara junto con él y llevara a cabo el potencial del mundo, para que participara en el propio trabajo de Dios. 

«Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara» (Gn 2:15).

Estas dos palabras en hebreo, avad («labrar» o «cultivar») y shamar («cuidar»), también se usan para la adoración a Dios y guardar sus mandamientos, respectivamente. El trabajo que se hace conforme al propósito de Dios tiene una inconfundible santidad.

A través de nuestro trabajo, Dios produce comida y bebida, productos y servicios, conocimiento y belleza, organizaciones y comunidades, crecimiento y salud, y alabanza y gloria para sí mismo. El fin de nuestro trabajo es servir a los propósitos de Dios. Es en gran medida en y a través de nuestro trabajo que contribuimos al bien común, le damos sentido a nuestra vida cotidiana, como también dejamos una huella de influencia en el mundo. Todos queremos causar un impacto en el mundo. Queremos que nuestra vida realmente importe. Eso es porque fuimos creados para importar.

Piensa en las implicaciones para nuestro trabajo. ¿Cómo realizaría Dios nuestro trabajo? ¿Qué valores aplicaría Dios en él? ¿Qué productos crearía Dios? ¿A qué personas serviría Dios? ¿Qué organizaciones fundaría Dios? ¿Qué estándares usaría Dios? ¿De qué formas nuestro trabajo debería manifestar al Dios que representamos? Cuando terminamos un trabajo, ¿son tales los resultados que podamos decir: «Gracias, Dios, por el privilegio de ser tus socios para lograr esto»?

Oración

Amado Dios, gracias por confiarme la participación en tu trabajo. Ayúdame a trabajar como alguien creado a tu imagen y darte a ti la gloria. Amén.

🧂 CUANDO EL CORAZÓN SE QUEDA ATRÁS Reflexión sobre Génesis 19: 24–26

 "Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; y destruyó las ciudades,...