domingo, 28 de diciembre de 2025

📖 REFLEXIÓN SOBRE Lucas 2:1–7 Dios se Hace Cercano

 El Dios que eligió la humildad



Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

El relato de Lucas 2:1–7 nos introduce en uno de los momentos más trascendentales de la historia humana: el nacimiento del Salvador. Sin embargo, el Espíritu Santo inspira a Lucas a narrarlo sin grandilocuencia, sin adornos humanos, sin escenarios de poder. Esto ya es, en sí mismo, un mensaje profundo:
Dios actúa de maneras que el mundo no espera.

El texto inicia con un decreto del emperador César Augusto, el hombre más poderoso de su tiempo. Paradójicamente, ese decreto —emitido desde un trono imperial— termina sirviendo al propósito eterno de Dios: llevar a José y a María a Belén para que se cumpla la profecía (Miqueas 5:2). Aquí aprendemos que la soberanía de Dios trasciende incluso las decisiones de los poderosos; Él gobierna la historia aun cuando los actores humanos no lo reconocen.

María y José llegan a Belén sin privilegios, sin influencias, sin comodidades. No hay lugar para ellos en el mesón. El Rey del universo entra en la historia humana no en un palacio, sino en un pesebre. Esto revela una verdad espiritual profunda: Dios no se revela principalmente en el lujo o la autosuficiencia, sino en la humildad, la sencillez y la dependencia absoluta.

El pesebre no es solo un detalle narrativo; es un símbolo poderoso. Cristo nace en un lugar destinado a alimentar animales, anticipando que Él mismo será el Pan de Vida que saciará el hambre espiritual de la humanidad. Desde su nacimiento, Jesús se identifica con los marginados, con los rechazados, con aquellos para quienes “no hay lugar”. Dios se acerca a la fragilidad humana desde dentro, no desde la distancia.

El hecho de que María “envolviera en pañales” a su hijo nos recuerda que el Hijo eterno de Dios aceptó plenamente la condición humana. No nació como un adulto glorificado, sino como un bebé vulnerable, dependiente del cuidado de una madre. Esto nos enseña que la grandeza de Dios se manifiesta en su disposición a hacerse pequeño por amor.

Lucas 2:1–7 nos confronta con una pregunta esencial:
👉 ¿Hay lugar para Cristo en nuestra vida?
No en los márgenes, no como una idea decorativa, sino como el centro. Muchas veces, como el mesón, nuestra agenda, nuestro orgullo o nuestras preocupaciones están “llenas”. Sin embargo, Dios sigue buscando corazones humildes donde pueda nacer y reinar.

Este pasaje nos invita a replantear nuestra noción de éxito, poder y propósito. El Salvador del mundo no vino imponiéndose, sino entregándose. No vino a dominar, sino a servir. No vino a ser exaltado por los hombres, sino a glorificar al Padre mediante la obediencia y el amor.


✨ Aplicación espiritual

  • Dios cumple sus promesas aun en medio del caos político y social.

  • La humildad es el terreno fértil donde Cristo se manifiesta.

  • Jesús se acerca primero a los sencillos antes que a los poderosos.

  • El amor verdadero no busca reconocimiento, sino entrega.


Que esta reflexión nos lleve a abrir espacio en nuestro corazón para Cristo, recordando que Dios sigue naciendo allí donde hay fe, humildad y obediencia.

Saludos y bendiciones…!!!

📖 REFLEXIÓN SOBRE Romanos 10:8–13 La Palabra de Fe que Salva

 La fe que se confiesa y la salvación que se recibe

Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confía para salvación. 11 Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.  12 Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; 13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

El apóstol Pablo, en Romanos 10:8–13, nos presenta una de las verdades más claras, profundas y liberadoras del Evangelio: la salvación no es un privilegio reservado para unos pocos, ni el resultado de esfuerzos humanos, sino un regalo accesible a todo aquel que cree y confiesa a Jesucristo como Señor.

Pablo afirma que “la palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón”. Esta declaración desmonta la idea de que Dios es distante o inaccesible. La salvación no requiere hazañas extraordinarias, rituales complejos o méritos acumulados; comienza en el corazón y se expresa con la boca. La fe verdadera no es solo una convicción interna, sino una confesión pública que transforma la vida.

Creer en el corazón que Dios levantó a Jesús de entre los muertos implica aceptar no solo un hecho histórico, sino una realidad espiritual que redefine nuestra existencia. La resurrección es la confirmación del poder de Dios sobre el pecado y la muerte, y creer en ella es confiar plenamente en que Cristo es suficiente para nuestra redención.

Pablo también establece una relación inseparable entre fe y confesión: con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación. Esto nos enseña que la fe genuina no se esconde ni se limita a lo privado; se manifiesta en palabras, decisiones y una vida alineada con el señorío de Cristo. Confesar que “Jesús es el Señor” significa reconocer su autoridad total sobre nuestra vida, pensamientos, acciones y futuro.

Uno de los mensajes más poderosos de este pasaje es su carácter inclusivo: “No hay diferencia entre judío y griego”. La salvación rompe barreras étnicas, sociales y culturales. Todos somos iguales delante de Dios y todos tenemos el mismo acceso a Su gracia. El Señor es rico en misericordia para todos los que le invocan, sin distinción.

El pasaje culmina con una promesa firme y esperanzadora: “Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo”. No hay condiciones ocultas, ni excepciones. Esta afirmación es un ancla para el alma cansada, el corazón quebrantado y la persona que busca sentido y perdón. Invocar al Señor no es un acto mecánico, sino un clamor sincero de dependencia y rendición.

Romanos 10:8–13 nos llama a una fe viva, confesada, valiente y accesible, que transforma al individuo y le recuerda a la Iglesia su misión: anunciar un Evangelio cercano, sencillo y poderoso, capaz de alcanzar a todo aquel que abre su corazón a Cristo.

Saludos y bendiciones…!!!


viernes, 21 de diciembre de 2018

Te has vuelto perezoso con Jesús...???

A medida que el mundo se hunde más en la impiedad, cada vez más personas de Dios quieren seguir su propio camino. Tales personas no quieren ser vestidas por Cristo con sus vestiduras de justicia;  sólo quieren vivir para sí mismos, sin obligaciones ni compromisos. Por sus actitudes, le están diciendo al Señor: "Déjame disfrutar de mi asociación contigo para que los demás vean que estoy bien".

Las iglesias en América y en todo el mundo están llenas de millones de personas que se llaman a sí mismos cristianos, pero que no tienen intimidad con Jesús. No pasan tiempo en oración y no toman sus Biblias para ver que es lo que el Señor desea de ellas.

De alguna manera, estas personas se han unido al nombre de Cristo completamente por su cuenta. Nuestro Señor no tendrá parte en tal arreglo. Cristo claramente advierte en Marcos: "Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo. Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad.” (Marcos 13: 35-37).

Leemos la parábola de las diez vírgenes, cinco sabias y cinco insensatas (ver Mateo 25: 1-13). "Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir".


Veamos una advertencia de Pablo: "Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos". (Romanos 13:11). Pablo también advierte: "Por lo cual dice: 
Despiértate, tú que duermes, 
Y levántate de los muertos, 
Y te alumbrará Cristo. 
Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. " (Efesios 5: 14-16).

Si sientes que te has vuelto perezoso en tu búsqueda de Jesús, decide buscarlo con todo tu corazón, mente, alma y fuerza. Comience a orar a lo largo del día y haga de Cristo el centro de tu vida.


Que así sea,,,,Amén...!!!

Tomado de
David Wilkerson (1931-2011)

lunes, 2 de abril de 2018

La buena idea de Dios: el trabajo.

A imagen de Dios
Al ser creados a imagen de Dios (Gn 1:27), fuimos diseñados teniendo en consideración el trabajo. Desde el principio, Dios planificó y creó a los seres humanos para que fueran sus socios minoritarios en la labor de llevar la creación a su realización. Dios trajo a la existencia una creación perfecta, y luego hizo a la humanidad para que continuara el proyecto de la creación.

«Los bendijo con estas palabras: “Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra”» (Gn 1:28a).

Dios podría haber creado todo lo imaginable y haber llenado la tierra por sí mismo. Pero escogió crear a la humanidad para que trabajara junto con él y llevara a cabo el potencial del mundo, para que participara en el propio trabajo de Dios. 

«Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara» (Gn 2:15).

Estas dos palabras en hebreo, avad («labrar» o «cultivar») y shamar («cuidar»), también se usan para la adoración a Dios y guardar sus mandamientos, respectivamente. El trabajo que se hace conforme al propósito de Dios tiene una inconfundible santidad.

A través de nuestro trabajo, Dios produce comida y bebida, productos y servicios, conocimiento y belleza, organizaciones y comunidades, crecimiento y salud, y alabanza y gloria para sí mismo. El fin de nuestro trabajo es servir a los propósitos de Dios. Es en gran medida en y a través de nuestro trabajo que contribuimos al bien común, le damos sentido a nuestra vida cotidiana, como también dejamos una huella de influencia en el mundo. Todos queremos causar un impacto en el mundo. Queremos que nuestra vida realmente importe. Eso es porque fuimos creados para importar.

Piensa en las implicaciones para nuestro trabajo. ¿Cómo realizaría Dios nuestro trabajo? ¿Qué valores aplicaría Dios en él? ¿Qué productos crearía Dios? ¿A qué personas serviría Dios? ¿Qué organizaciones fundaría Dios? ¿Qué estándares usaría Dios? ¿De qué formas nuestro trabajo debería manifestar al Dios que representamos? Cuando terminamos un trabajo, ¿son tales los resultados que podamos decir: «Gracias, Dios, por el privilegio de ser tus socios para lograr esto»?

Oración

Amado Dios, gracias por confiarme la participación en tu trabajo. Ayúdame a trabajar como alguien creado a tu imagen y darte a ti la gloria. Amén.

viernes, 26 de enero de 2018

Ser obedientes con Dios, como nos cuesta a veces...!!!

La Palabra de Dios nos enseña una historia muy poderosa sobre el poder de nuestro Dios y de como somos muchas veces cuando venimos a El solicitándole ayuda para alguna aflicción o problema. Leamos las Escrituras:

Eliseo y Naamán (2 Reyes 5)

5  Naamán, general del ejército del rey de Siria, era varón grande delante de su señor, y lo tenía en alta estima, porque por medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso.
2 Y de Siria habían salido bandas armadas, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual servía a la mujer de Naamán.
3 Esta dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra.
4 Entrando Naamán a su señor, le relató diciendo: Así y así ha dicho una muchacha que es de la tierra de Israel.
5 Y le dijo el rey de Siria: Anda, ve, y yo enviaré cartas al rey de Israel.
Salió, pues, él, llevando consigo diez talentos de plata, y seis mil piezas de oro, y diez mudas de vestidos.
6 Tomó también cartas para el rey de Israel, que decían así: Cuando lleguen a ti estas cartas, sabe por ellas que yo envío a ti mi siervo Naamán, para que lo sanes de su lepra.
7 Luego que el rey de Israel leyó las cartas, rasgó sus vestidos, y dijo: ¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que éste envíe a mí a que sane un hombre de su lepra? Considerad ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí.
8 Cuando Eliseo el varón de Dios oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió a decir al rey: ¿Por qué has rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel.
9 Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a las puertas de la casa de Eliseo.
10 Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio.
11 Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra.
12 Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio? Y se volvió, y se fue enojado.
13 Mas sus criados se le acercaron y le hablaron diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio?
14 El entonces descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio.
15 Y volvió al varón de Dios, él y toda su compañía, y se puso delante de él, y dijo: He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Te ruego que recibas algún presente de tu siervo.

Leyendo esta historia no puedo menos que recordar las veces en que he reflexionado en la forma en que Dios me va a bendecir con una u otra situación por la cual he estado orando. Al igual que Naamán pensamos que en algún culto o celebración Dios va a enviar a alguien a imponernos manos y vamos a ser revestidos de su poder y ser completamente sanos. Bueno, esto sería genial de esta manera, pero podría afectarnos en nuestro ego y permitir que inclusive nos vanagloriemos de nosotros mismos. Pero nuestro Dios Eterno es sabio, y El si sabe cual es la mejor manera de respondernos y sanarnos, porque El si sabe los problemas que tenemos con nuestro carácter, el cual debe ser pulido como "hijos de Dios".

Es muy probable (es mi forma de pensar) que muchas veces hayamos tenido la respuesta a nuestras oraciones al frente, pero como no es como la esperamos, ni siquiera la logramos identificar y de pronto entramos en dudas, decae nuestra fe y hasta murmuramos sobre que es lo que estará mal.

Eso fue lo que le pasó a Naamán, él esperaba que el profeta de Dios saliera, le impusiera manos e invocará el nombre de Dios y sería sano. Al recibir la respuesta, por parte de un mensajero, de que lo que tenía que hacer era lavarse 7 veces en el río Jordán, y que ni siquiera saliera el profeta de Dios a atenderle personalmente, se fue enojado y murmurando.

El mandato de Eliseo, el profeta era muy fácil de cumplir, sin embargo, como no era lo que Naamán pensaba, no le gustó y se devolvió enojado. Cuantas veces nos habrá sucedido algo similar y ni cuenta nos hemos dado de la bendición que dejamos escapar. Pero Dios, en su infinita misericordia nos pone personas alrededor nuestro que nos hablan y nos ayudan a volver al sendero de la fe y acatar la orden de Dios mediante la cual recibimos la respuesta que habíamos estado esperando.

En el caso de Naamán, fueron sus criados quienes le hicieron reaccionar, y él acatando la voz del profeta de Dios fue, se zambulló 7 veces en el río Jordán y su lepra desapareció.

Dejemos de estar esperando cosas espectaculares de parte de Dios para nuestras vidas, eso solo alimenta a nuestra vanagloria y super yo (ego). Cuando entendemos que Dios nos responde de muchas formas, e inclusive usando a personas en quien ni pensamos, entonces la Palabra de Dios se va a cumplir en nuestras vidas.

No dejemos que nuestras propias ideas o raciocinios sobre como obrará Dios en nuestras vidas, nos quiten la sanidad y/o bendición que tanto hemos esperado. Solo debemos confiar en Aquel, que en su misericordia nos sacó del mundo lleno de maldad y pecado y nos trajo a su Reino de Gloria, al Reino de los Cielos, para hacernos nuevas criaturas, conforma a Su Voluntad, la cual es agradable y perfecta.

Señor, oro a ti, para que cuando la ansiedad y el afán de la vida ganen espacio en mi corazón y en mi mente, me ayudes a depositar mi confianza, mi esperanza, mis sueños, en Tu mano. Ya que solo en Tu presencia podré encontrar un lugar de refugio, de protección, de sanidad, de bendición y prosperidad para mi vida y mi casa, y que el temor y la inseguridad no tengan lugar en mi vida, sino que la Fe sea acrecentada cada día más por medio de Tu poderosa Palabra, la que me enseña que hay una armadura que me puedo poner todos los días para resistir el día a día (día malo) de los ataques del enemigo y resistir y al final de cada día poder decir, lo he logrado porque estás conmigo mi Señor. Que así sea en el nombre de Jesucristo. Amén.

🧂 CUANDO EL CORAZÓN SE QUEDA ATRÁS Reflexión sobre Génesis 19: 24–26

 "Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; y destruyó las ciudades,...